Casa FOA vuelve a Barracas: la ex Alpargatas se prepara para octubre
Entre el 1 de octubre y el 1 de noviembre, la muestra de arquitectura y diseño ocupa 5.700 metros del Palacio Molina, la vieja fábrica de Patricios, Lamadrid, Azara y Olavarría. Después viene un desarrollo de usos mixtos. El barrio vuelve a discutir qué se hace con su patrimonio industrial.
Barracas se acostumbró a mirar de reojo la manzana de Alpargatas. Tres décadas de vidrios rotos, techos abiertos y maleza alcanzan para que un ícono de ladrillo se vuelva paisaje de abandono. Ese silencio se corta el 1 de octubre: Casa FOA abre su edición 2026 en el Palacio Molina y se queda hasta el 1 de noviembre. Son 5.700 metros cuadrados de planta baja, más de 40 espacios intervenidos y un concepto que la organización llama “alquimia”: transformar materia vieja sin borrar la memoria.
La fábrica la levantaron a fines del siglo XIX el escocés Robert Fraser y el vasco Juan Echegaray. Llegó a emplear a miles de personas que salían a la avenida Patricios con el olor a lona. Frente, en 2012, otra edición de Casa FOA ocupó la nave que hoy es Molina Ciudad: 360 lofts, terrazas, pileta. El nombre —Molina— evoca a Florencio Molina Campos y a los almanaques de Alpargatas que recorrieron el país. El barrio, en cambio, recuerda el silbato, el turno y el vacío que quedó cuando la usina se apagó.
Catalina Ulloa, de arquitectura de Casa FOA, resume el desafío: recuperar sin borrar. Arquitectos e interioristas restauran pisos, carpinterías y muros; varios proyectos dejan grietas y desgaste a la vista. En los antiguos naves habrá cocinas, bibliotecas, cafetería, monoambientes, áreas de bienestar y un auditorio. César Lago plantea una instalación sonora. Sabrina De Luca diseña una Sala de Escucha. Rubén Valdemarin y Pía Magri trabajan un techo con machimbre quemado sin clavar lo que se desprende. En un acceso ya se plantaron dos caballos escultóricos de Gabriel del Campo.
Juan Blas Fernández, gerente de Casa FOA, habla de alquimia y de un desarrollador “conservacionista”. GES Desarrollos estima unos 100 millones de dólares para, después de la muestra, pasar a lofts, oficinas, amenities y un polo gastronómico. Para el vecino de Lamadrid o Azara la pregunta no es el moodboard: es si la manzana vuelve a ser calle de paso, comercio y trabajo, o un recinto cerrado con ticket.
Casa FOA no es un volante de inmobiliaria. Es, por un mes, la única forma de entrar a un edificio que el barrio dejó de pisar. Conviene ir con esa clave: ver la fábrica, no solo el living de diseño. La sede oficial de la edición está en casafoa.com. El predio, para quien vive acá, sigue siendo Alpargatas.
Hay que decir la tensión sin maquillaje. Casa FOA entra un mes, cobra entrada y deja fotos de ladrillo recuperado. GES Desarrollos entra después, con lofts y oficinas. El barrio ya vio esa película del otro lado de la calle, en Molina Ciudad. No es automáticamente un despojo ni automáticamente un milagro: es un cambio de uso de una manzana que durante generaciones fue fábrica y, después, ruina. La pregunta de Barracas es de siempre: ¿queda trabajo, queda paso, queda comercio de esquina, o queda un recinto para quien puede pagar el metro cuadrado?
Mientras tanto, octubre ofrece algo que no había: entrar. Recorrer la planta baja, ver el ladrillo de Fraser y Echegaray, los adoquines y la puerta de madera, y decidir con los propios ojos qué se está perdiendo o ganando. Eso, para un medio de barrio, vale más que el moodboard de la muestra.